
Al cubrirse el cielo con el manto de la noche, el automóvil empezó a moverse ligeramente hacia atrás, las luces públicas daban un aspecto seguro y sombrío a la vez. Aquella carretera conducía al centro de la ciudad. La velocidad aumentaba cada metro que retrocedía el auto, era algo inevitable porque parecía no tener alguien que lo esteba conduciendo. Una ligera lluvia causaba que el vehículo resbale e impacte a varios autos estacionados, en ese instante un sujeto apareció repentinamente en el asiento del conductor.
Aún inconsciente sobre lo que sucedía, el auto seguía retrocediendo a una gran velocidad impactando a otros vehículos. Su rostro era imposible de ver, las luces y la oscuridad de la noche le concedían la máscara perfecta, sus ojos que apenas se podían ver giraban observando hacia todos lados, pensó tal vez que era un sueño. Las luces de otros vehículos y el sonido de sus bocinas, lo confundían aún más. En ese lapso de tratar de recuperar la noción del tiempo, cruzó miradas con tres peatones que caminaban juntos, ellos se quedaron mirándolo, sus ojos eran extraños, un vacío en la mirada del sujeto en el vehículo les causo sospecha. Entonces lo entendió, no tenía control en su cuerpo, llevó la mirada al espejo retrovisor, donde vio su rostro muy diferente, sin expresión, sin la confusión que sentía dentro de él, en ese instante impactó nuevamente, pero esta vez no era un vehículo, sino una anciana indigente que cruzaba la pista lentamente. Al ver el cuerpo sin vida tendido en el piso, alejándose cada vez más de su vista, recuperó totalmente la razón, estaba atrapado en el auto, la desesperación se apodero de él, empezó a moverse violentamente pero era inútil, y su rostro aún conservaba ese gesto de serenidad.
Con las manos y los pies atados, no poseía ningún control sobre el vehículo. La velocidad aumentó extremadamente. El sonido de las sirenas de la policía, le dieron una esperanza de ser rescatado, pero en el intento de dar una señal, su rostro empezó a deformarse poco a poco. Era una máscara que iba pegada a sus pómulos y que a causa del sudor perdió adherencia. Su rostro real era de un hombre de aproximadamente cuarenta años, con la cara llena de sangre, sudor y lágrimas, su boca estaba cubierta con cinta aislante, que no le permitía emitir ningún sonido.
Con la desesperación y el deseo de seguir viviendo trató de tomar el volante y así poder salvarse, pero era en vano, todo había sido planificado, aquel auto se convirtió en el escenario de su peor pesadilla.
Con cada minuto la velocidad aumentaba, y las patrullas de policías también. Al llegar a una esquina, una luz iba alumbrando poco a poco toda esa calle, su mirada se quedó congelada en ese instante, creyó que algo divino lo rescataría y se dejó llevar por el hechizante esplendor de la luz. Era una camioneta que se acercaba a toda velocidad conducida por una mujer dominada por el alcohol, que lo impactó lateralmente. La colisión lo despojó de toda esperanza, su cuerpo se sacudió hasta el lado opuesto del vehículo, provocándole un fuerte golpe en la cabeza.
La camioneta donde iba la mujer huyó del lugar al instante, logrando detener al automóvil sin control, y también detener la vida del infortunado individuo.
Aún inconsciente sobre lo que sucedía, el auto seguía retrocediendo a una gran velocidad impactando a otros vehículos. Su rostro era imposible de ver, las luces y la oscuridad de la noche le concedían la máscara perfecta, sus ojos que apenas se podían ver giraban observando hacia todos lados, pensó tal vez que era un sueño. Las luces de otros vehículos y el sonido de sus bocinas, lo confundían aún más. En ese lapso de tratar de recuperar la noción del tiempo, cruzó miradas con tres peatones que caminaban juntos, ellos se quedaron mirándolo, sus ojos eran extraños, un vacío en la mirada del sujeto en el vehículo les causo sospecha. Entonces lo entendió, no tenía control en su cuerpo, llevó la mirada al espejo retrovisor, donde vio su rostro muy diferente, sin expresión, sin la confusión que sentía dentro de él, en ese instante impactó nuevamente, pero esta vez no era un vehículo, sino una anciana indigente que cruzaba la pista lentamente. Al ver el cuerpo sin vida tendido en el piso, alejándose cada vez más de su vista, recuperó totalmente la razón, estaba atrapado en el auto, la desesperación se apodero de él, empezó a moverse violentamente pero era inútil, y su rostro aún conservaba ese gesto de serenidad.
Con las manos y los pies atados, no poseía ningún control sobre el vehículo. La velocidad aumentó extremadamente. El sonido de las sirenas de la policía, le dieron una esperanza de ser rescatado, pero en el intento de dar una señal, su rostro empezó a deformarse poco a poco. Era una máscara que iba pegada a sus pómulos y que a causa del sudor perdió adherencia. Su rostro real era de un hombre de aproximadamente cuarenta años, con la cara llena de sangre, sudor y lágrimas, su boca estaba cubierta con cinta aislante, que no le permitía emitir ningún sonido.
Con la desesperación y el deseo de seguir viviendo trató de tomar el volante y así poder salvarse, pero era en vano, todo había sido planificado, aquel auto se convirtió en el escenario de su peor pesadilla.
Con cada minuto la velocidad aumentaba, y las patrullas de policías también. Al llegar a una esquina, una luz iba alumbrando poco a poco toda esa calle, su mirada se quedó congelada en ese instante, creyó que algo divino lo rescataría y se dejó llevar por el hechizante esplendor de la luz. Era una camioneta que se acercaba a toda velocidad conducida por una mujer dominada por el alcohol, que lo impactó lateralmente. La colisión lo despojó de toda esperanza, su cuerpo se sacudió hasta el lado opuesto del vehículo, provocándole un fuerte golpe en la cabeza.
La camioneta donde iba la mujer huyó del lugar al instante, logrando detener al automóvil sin control, y también detener la vida del infortunado individuo.
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